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El tiempo en El Ministerio del Tiempo

abril 14, 2015

Es posible enumerar diversas razones por las que criticar o elogiar la serie de El Ministerio del Tiempo. Como elogio, claramente se puede decir que ha conseguido que mucha gente se siente delante de su ordenador, o frente a su móvil, y se enzarce en discusiones sobre el viaje en el tiempo y sus misterios. Pero lo hacen no sólo aquellos que encuentran como algo novedoso este tipo de historias, también aquellos que tienen tras sus espaldas un buen número de lecturas sobre el tema. En estas discusiones sobre la naturaleza del viaje del tiempo se encuentran también algunos de los argumentos de los detractores de la serie. Creo que antes de realizar una crítica o una defensa del tratamiento narrativo del viaje en el tiempo en la serie es conveniente definir un contexto para la discusión y el debate, y es lo que pretendo hacer en lo que sigue.

La especulación sobre el viaje en el tiempo es compleja desde un punto de vista filosófico, por todo lo que la propia idea del viaje en sí implica, pero también desde el punto de vista físico. En primer lugar, ha de considerarse el marco teórico con respecto al cual se pueda plantear o no la posibilidad del viaje en el tiempo. Si bien la teoría sobre el espacio-tiempo y gravitación de Einstein permite el viaje temporal como tal es posible que éste plantee algún tipo de inconsistencia en otra teoría, como la mecánica cuántica, por ejemplo. Por ejemplo, se pueden plantear soluciones de las ecuaciones de la relatividad general realistas desde un punto de vista físico como los agujeros de gusano o el motor de distorsión que permitirían el viaje en el tiempo, pero estas soluciones podrían ser inestables como resultado de las fluctuaciones cuánticas. Por lo tanto, desde el punto de vista de la verosimilitud de un escenario de ciencia ficción, es esta la primera cuestión que hay que considerar. Pero el mecanismo, cuando nos vamos a la estructura narrativa de los relatos es secundario, si hay una coherencia general que permite una verosimilitud científica de todo el escenario. Y ese es el caso en la mayor parte de la ficción contemporánea sobre viajes en el tiempo, pues la física establece que es posible.

En segundo lugar, hay que considerar las implicaciones del propio viaje en el tiempo en sí, y las consecuencias que este tiene. Es decir, el viaje puede ser posible, y su existencia puede no dar lugar a dilemas en la aplicación de las teorías de la física a su contexto, pero sí podría suceder a considerar algunas consecuencias del viaje en sí. Es aquí donde surgen las famosas paradojas temporales. Al viajar al pasado pueden plantearse situaciones paradójicas en donde la actuación del viajero implique que éste no hubiese nacido, y por lo tanto que no se produjese el viaje. Aparentemente este tipo de paradoja tiene una naturaleza más metafísica que física, pues la paradoja surge asociada con nuestra concepción metafísica de la realidad.

Más fáciles de manejar desde un punto de vista físico son los bucles temporales, las historias cerradas sobre sí mismas. En la relatividad la historia de un objeto viene inscrita en la línea de universo, una trayectoria en el seno del continuo espacio-tiempo. Y la teoría de la relatividad general permite líneas de universo cerradas sobre sí mismas (Curvas cerradas de tipo temporal o CTC). Algunos físicos han defendido la consistencia física de las historias asociada con CTC, y lo han demostrado a partir de sistemas mecánicos simples. Para evitar las paradojas lógicas se plantea como un axioma o principio físico que sólo las historias que son autoconsistentes son posibles desde un punto de vista. En la narrativa de ciencia ficción este tipo de condiciones se han aplicado con frecuencia, por ejemplo al plantear lo que aparentemente es un bucle perfecto como en Todos vosotros zombis de Robert Heinlein. Otra posibilidad para evitar las paradojas es la propuesta de que cuánto más se intente cambiar la historia más esta se empeña en mantenerse como plantea Alfred Bester plantea en Los hombres que asesinaron a Mahoma, imponiendo una inercia del tiempo frente a cambios que aparentan ser importantes, que tiene como consecuencia de que no es la línea del tiempo que los viajeros pretenden eliminar la que se difumina, sino ellos mismo. Todos estos autores plantean una conspiración de las condiciones iniciales y de contorno para asegurar la consistente frente a las paradojas, o la resiliencia del espacio-tiempo frente a los viajes temporales. Pero en El Ministerio del Tiempo no se hila tan fino en la resolución de los dilemas del viaje en el tiempo, pues está pensada para un público generalista, y por eso algunos críticos ven en ella una mala presentación del viaje temporal. Sin embargo, creo que están en parte equivocados al buscar un nivel de profundidad en detalles concretos de la historia sin considerar antes cuál es realmente la filosofía del tiempo implícita de la serie. Ahí es en donde se encuentra el meollo del asunto.

Partiendo de las teorías bien establecidas en el ámbito de la física se puede plantear diversas filosofías sobre el tiempo. Si se considera el espacio-tiempo de Galileo y Newton, en el cual se puede establecer la simultaneidad temporal de los acontecimientos, se pueden considerar tres filosofías del tiempo. Se parte del hecho de que el espacio se puede dividir en diferentes “rebanadas de simultaneidad” de modo que una porción, una lámina del espacio, se corresponde con un instante de tiempo determinado. Así el conjunto del espacio más el tiempo es un apilamiento, o foliación, de todas estas rebanadas de simultaneidad. Las filosofías del tiempo se plantean entonces en función de cómo es la estructura de esta foliación.

Una de ellas es el presentismo, según la cual sólo existe la rebanada de simultaneidad presente, ni pasado ni futuro existen realmente. Y el fluir del tiempo no es sino una concatenación de instantes presentes, un fluir del estilo del planteado por el filósofo Heráclito. Este tipo de filosofía del tiempo es incompatible con las narraciones de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo. Esto es así porque la consistencia narrativa, la estructura de la propia narración, implica que o bien el pasado o futuro al que se viaje existe de algún modo, o bien que el hecho de viajar a él lo está creando. Y se plantean dos posibilidades, o bien es el viajero quien crea el instante en cada momento de su viaje, o existen al menos dos instantes, y la conexión desde un punto de vista físico aparenta ser bastante contingente. Si bien algunos físicos y filósofos defienden una interpretación del tiempo presentista, los escenarios propios de la ciencia ficción con viajes en el tiempo parecen sustentar una filosofía del tiempo insostenible tanto desde un punto de vista filosófico como físico. No es esta la filosofía del tiempo adoptada en El Ministerio del Tiempo, pues se muestra explícitamente la coexistencia de diferentes instantes en el tiempo, simultáneamente. Y el sistema de puertas implica la preexistencia de dos flujos temporales con la misma dirección en las puertas, algo que no cuadra tampoco con un enfoque presentista de la naturaleza del tiempo.

Otra filosofía del tiempo es la defendida por el posibilismo o propensismo, que afirma que existe el instante y todo el tiempo anterior a él. Por lo tanto existiría todo el tiempo anterior a la rebanada de simultaneidad. Según esta filosofía del tiempo existen el presente y el pasado, y el propio tiempo se va creando en cada instante. Aparentemente esta es la filosofía que parece adoptar la serie, al plantear la imposibilidad de que las puertas del tiempo se abran hacia el futuro, pues sólo cuando se ha creado ese instante de tiempo, puede abrirse una puerta hacia un pasado que ya existe en el tiempo. También parece ser la filosofía del tiempo adoptada por muchos espectadores de la serie, al menos aquellos que aceptan la coherencia del hecho de en la serie no se encuentren viajeros del futuro, y que ha sido explicada por los guionistas en su origen como resultado de buscar guiones más fáciles de seguir por el espectador medio y menos costes de producción. Aquí hay que tener en cuenta que el hecho de que un viaje al pasado pueda cambiar el tiempo no afecta a la aceptación de la filosofía propensista del tiempo. Si viajas al pasado y evitas la Segunda Guerra Mundial, la historia habrá cambiado, pero el volumen de espacio-tiempo creado en el momento en que regreses del viaje seguirá siendo el mismo. Es una paradoja lógica, filosófica, o incluso física, pero no afecta a la estructura del tiempo como algo que se va creando en cada instante y un pasado que sí existe tras él.

Existe aún otra filosofía del tiempo, el eternalismo, según la cual el tiempo no fluye, sino que es. Pasado, presente y futuro coexisten. No hay un flujo del tiempo sino una eternidad donde todo el tiempo existe a la vez. A esta concepción del tiempo también se la denomina de bloque, aunque a mí me gusta emplear la expresión foto fija, pues como si todo el tiempo pudiese concentrarse en una única foto que se realiza al conjunto del espacio-tiempo. Esta visión del tiempo es la propia de autores como Parménides o Platón, muy de gusto de los místicos, pero también ha sido popular entre algunos autores contemporáneos. Es la que adopta Alan Moore en algunos de sus cómics como Watchmen o From Hell, y una de las mejores presentaciones de esta concepción del tiempo como eternidad se encuentra en los relatos de Jorge Luis Borges. Pero también en el seno de la literatura de ciencia ficción se pueden encontrar ejemplos destacados. Kurt Vonnegut la adopta en Las sirenas de Titán y Matadero 5 y Ted Chiang en relatos como La historia de tu vida o El infierno es la ausencia de Dios. Además, en estos últimos casos se plantea algo que los pensadores presentistas han defendido desde el comienzo, que lo que percibimos como paso de tiempo no es sino una ilusión psicológica.

Estas tres filosofías del tiempo son compatibles con la estructura del espacio-tiempo de Galileo y Newton, pero la cosa se complica si consideramos la teoría de la relatividad. En ella no es posible definir de un modo absoluto la noción de simultaneidad y por lo tanto no pueden definirse las rebanadas de simultaneidad con las que rebanar el espacio-tiempo. Como resultado de ello muchos autores, empezando por el propio Einstein, han propuesto que la única filosofía del tiempo compatible con la estructura del espacio-tiempo relativita es el eternalismo. En palabras del propio Einstein el tiempo no sería sino una permanente ilusión. Pero los eternalistas deben solucionar un problema fundamental en lo que respecta a su filosofía el tiempo. Aunque aceptemos que el fluir del tiempo es una mera ilusión, quizá psicológica, han de explicar por qué se produce en un sentido y no en otro. Una posible respuesta es considerar que las condiciones iniciales del Universo fueron tales que nos impiden recordar el futuro aún cuando no exista una flecha del tiempo real. En La historia de tu vida de Chiang se adopta el punto de vista eternalista, el tiempo es, y el fluir se considera como una mera ilusión. Al aprender un lenguaje alienígena su protagonista es capaz de percibir simultáneamente su línea del mundo, y no hay distinción entre pasado, presente y futuro.

Regresando a El Ministerio del Tiempo es fácil darse cuenta de que esta filosofía del tiempo es compatible con la que se presenta en la serie, pues en ella hay varios bucles causales en los cuales el viaje al pasado crea la historia que da lugar a los acontecimientos futuros. Si bien como explicaba más arriba esto no es en sí mismo incompatible con un enfoque posibilista, y es compatible con el sistema de puertas, se complica la estructura narrativa y es más difícil obtener la coherencia total. Si bien es cierto que hechos como la aparición de la moto en el grabado, o la tablet en el cuadro de Dalí defienden la interpretación posibilista o propensista del tiempo en la serie, creo que también puede adoptarse un punto de vista eternalista. Como se ha demostrado al final de la primera temporada de la serie la afirmación de uno de los personajes en el primer episodio de que “el tiempo es el que es” resume a la perfección la filosofía del tiempo adoptada en la serie. Es fácil ver cómo todo lo que acontece en ella está fijado, forma parte de ese universo de bloque con foto fija, que incluye los diversos viajes al pasado, bucles cerrados y concatenación temporal de diversos instantes en el ministerio del tiempo.

La única pega que podría hacérsele a este punto de vista sobre el tratamiento del tiempo en la serie, es la cuestión de la flecha del tiempo, la asimetría temporal que introducen las puertas. Cuando se está suponiendo que pasado, presente y futuro de los personajes ya está escrito. Pero aquí es cuando se puede invocar el argumento de las condiciones iniciales. En cualquier caso la visión que presenta la serie El Ministerio del Tiempo me recuerda mucho más a la de los citados relatos de Chiang y Vonnegut que a la que parecen adoptar la mayoría de los seguidores de la serie.

Adenda: Una buena discusión reciente sobre la filosofía del espacio-tiempo que recoge las ideas de importantes físicos y cosmólogos se puede encontrar en este artículo de Discover Magizne.