Archive for the ‘Ciencia ficción’ Category

Nuevas creaciones literarias

mayo 21, 2018

9788416637782Tengo la satisfacción de comunicar la aparición en el mercado de mi última creación literaria. Un ensayo sobre física que explora los misterios de un mundo posible de la ciencia ficción, ese tan popular cuya proyección vemos en las pantallas de los cines que está poblado por héroes con poderes, como si de un universo real existen ahí fuera se tratase. Una forma divertida de explorar las implicaciones de conceptos como los de multiverso, energía oscura o los autómatas celulares en un contexto especulativo. Pero al igual que los habitantes de dicho universo, la épica de los conceptos de la física puede ir más allá para sorpresa y divertimento del lector. En las fronteras de la cosmología y la física teórica se encuentran cosas maravillosas y espectaculares que son el objeto de análisis de este ensayo con calificación de apto para todos los públicos.

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Cuando la gnosis de Philip K. Dick encontró a la de Jack Kirby

junio 1, 2017

En el centenario del nacimiento de Jack Kirby podréis encontrar en la red abundante material sobre su biografía y un montón de interpretaciones convencionales sobre la obra de este apasionante artista. En mi ensayo sobre el Rey de los Cómics presento un análisis diferente de su trayectoria a partir del estudio del componente cósmico de en sus creaciones. En él también considero lo que como persona de formación científica no puedo más que considerar como una mera coincidencia, pero que a pesar de ello resulta impactante. Y tiene que ver con la conexión entre Dick y Kirby como dos visionarios gnósticos a la vez que grandes creadores en el contexto de la cultura popular del siglo XX.

El núcleo de sincronía se establece en torno a uno de los trabajos menos valorados de Kirby y una de las novelas más delirantes de Dick: OMAC y VALIS, respectivamente. Aunque esto es un detalle menor, el hecho de que los títulos de las obras sean acrónimos que hagan referencia a personajes o entidades de los relatos llama ligeramente la atención. OMAC fue una creación original de Kirby y puede considerarse en su origen como una serie de ciencia ficción (el devenir posterior del conceptos en el sello editorial DC es otra cuestión, aunque posteriormente, al retomar el personaje John Byrne también optó por una historia muy clásica de ciencia ficción). Una ficción prospectiva, con un futuro parcialmente distópico. Entre éstos destacan algunos topos en los que Kirby conecta con Dick, como la presencia de «súper-ricos» que rigen los destinos de la sociedad, los problemas de identidad asociados con los entes artificiales y el impacto de la tecnología como un elemento disruptivo.

Pero el aspecto de gnosis dickiana surge al considerar el proceso de creación del personaje de OMAC. Éste es un don nadie que es transformado en un superhombre casi invencible por medio de la acción de un satélite en órbita denominado Hermano Ojo, que le aporta sus poderes. Un satélite que todo lo ve con aptitudes demiúrgicas hasta el punto de poder resucitar a OMAC si es conveniente. Un auténtico Ojo en el Cielo. La personalidad anterior a la de OMAC es borrada, es formateada y reconfigurada, bajo la guía opresiva del Hermano Ojo. Realmente ambos constituyen un todo simbiótico. Esta intrusión del satélite en el libre albedrío humano sería importante en la revisión del personaje de Kirby realizada por John Byrne. Y desde luego no es un aspecto que pase por alto el lector incluso en la primera lectura del cómic.

Lo que resulta inquietante son las similitudes entre el proceso de creación de OMAC y la experiencia mística que Dick afirmó que sufrió entre febrero y marzo de 1974. También el creía que un satélite había conectado con él, y de algún modo había reconfigurado su mente de un modo radical, aportándole una marea de información para decodificar. Considerando, todo sea dicho, esta experiencia como una gnosis en la medida que le aportaba un punto de vista verdadero sobre una realidad fenómenica ilusoria y dominada por un demiurgo, que Dick identificaba con la presencia de un Imperio Romano que nunca habría terminado. En sus momentos de «duda escéptica» el narrador californiano creía que tal vez no había conectado con la plenitud de la divinidad sino con una mera sonda extraterrestre que de algún modo habría hurgado en su ya de por sí confusa y patológica mente.

Puede argumentarse que de alguna manera Kirby fue inspirado Por la obra de Dick y esto no tendría nada de extraordinario. El hecho de que OMAC iniciase su andadura en el mismo año de 1974 podría considerarse como una prueba de este hecho. Pero lo cierto es que Dick no relató su experiencia y sus reflexiones en torno a ella hasta mucho después, y la novela no fue publicada hasta 1981. En el otro sentido podría pensarse que la experiencia de Dick fue inducida por la lectura del cómic, pero lo cierto es que es el primer número apareció en los puntos de venta meses después de la experiencia del escritor de ciencia ficción.

¿Accedieron ambos visionarios a una misma realidad y cada uno lo plasmó posteriormente a su modo? ¿Existe alguna otra fuente común de inspiración literaria o cinematográfica anterior? No, con toda seguridad esto es una mera coincidencia, divertida para dedicar una sección de ensayo o una entrada como esta. Pero siempre es más divertido considerar que es un pequeño gran misterio del siempre fascinante mundo de la ciencia ficción.

La muerte térmica del universo en los orígenes de la ciencia ficción

mayo 25, 2017

El paso del tiempo es un juez severo y al mirar hacia atrás a veces puede observarse cuán largo ha sido el camino por el caminante al andar. Esto resulta más inquietante que la formación de las canas y la aparición de otros signos del envejecimiento, un proceso que comienza prácticamente desde el momento en que nacemos. Este tipo de procesos no sólo rige nuestras vidas, sino que también lo hace con la evolución del propio universo. De hecho este es uno de los grandes descubrimientos de la ciencia del siglo XX. Las inquietudes del futuro están claras para nosotros, está claro cuál es nuestro final, aunque la incertidumbre está en el cómo y el cuando. Pero como podéis imaginar, en el caso de un universo la cuestión no está tan clara, y eso compete a una disciplina que podríamos denominar escatología física. La del estudio del futuro del universo aplicando las leyes de la física. De paso, las proyecciones sobre la evolución cosmológica pueden aportar información sobre cuál podría ser el futuro de la vida.

Mi interés por la escatología física ha sido una constante durante años, recopilando literatura científica sobre el tema, leyendo obras de literatura fantástica o ciencia ficción sobre el tema, y estudiando estas temáticas desde diferentes puntos de vista. Mucho tiempo, porque podría decirse que comencé a interesarme verdaderamente por el tema tras la lectura de La física de la inmortalidad de Frank Tipler, uno de esos libros que cualquier persona aficionada a la ciencia ficción debería de tener en su biblioteca, aunque ya me había acercado a él con algunas lecturas de obras de Freeman Dyson cuando aún estaba en el instituto. Pero aunque los autores que me introdujeron en este mundo fascinante son contemporáneos las reflexiones en torno al fin del universo pueden remontarse, al menos, al siglo XIX. Y tienen una estrecha relación con el desarrollo de la moderna literatura de ciencia ficción.

En un principio el punto de vista desarrollado en la ciencia moderna desde las aportaciones de Copérnico y Kepler a la cosmogonía era la asunción de un universo infinito en el tiempo, y probablemente en el espacio, para evitar la cuestión del origen. Incluso creacionistas como Newton, que consideraban como un hecho incuestionable la acción de Dios en la creación en un tiempo pasado finito, no entraban en los detalles sobre los procesos del creador. Aunque Descartes planteó un escenario de la creación del Sistema Solar naturalista (pero con la suficiente intervención de Dios como para no ser objeto de la mirada de la Santa Inquisición), esto no pasaba de ser una mera especulación filosófica poco sustentada en una física precisa. Pero esto cambió cuando Buffon y Kant propusieron mecanismos físicos basados en la mecánica clásica mediante los cuales podría haberse formado el Sistema Solar, siendo finalmente la hipótesis nebular de Laplace la primera teoría cosmogónica científica rigurosa, con una sólida base en la física y las matemáticas. Pero no se planteaba ninguna cuestión sobre el origen o final del universo en su conjunto. A pesar de que la física newtoniana implica necesariamente escenarios que anticipan los de la cosmología moderna. Pero sobre todo, de sí que existían buenos motivos para plantearse una evolución del universo. Fundamentalmente, lo que se conoce como paradoja de Olbers.

Formulada por Heinrich Olbers en 1826 establece a partir de unas hipótesis físicas razonables que si en un universo con una extensión infinita, la luz que deberíamos recibir de las estrellas habría de ser infinita. Y esto no era lo que se observaba. Se propusieron diversos mecanismos físicos que implicasen una atenuación de luz pero resultaron inconsistentes. Una solución a la paradoja sería admitir un universo de una extensión espacial finita o con un número finito de estrellas. Pero otra opción sería considerar una extensión en el tiempo finita. Y a pesar de parecer una solución obvia a la paradoja, la idea de una duración finita del universo no gozó de gran aceptación. Posiblemente el primero en asociar la paradoja de Olbers con la finitud en el tiempo del universo fue Edgard Allan Poe en Eureka, en una obra en poema en prosa que puede considerarse como una de las primeras obras de ficción científica con componente escatológico, pero el mérito académico perteneció a Johann Mädler, autor además de una de las obras de divulgación de la astronomía más populares del siglo XIX. Pero este tipo de argumentos no fueron determinantes para que la comunidad científica de entonces se plantease la posibilidad de un origen y un final del universo. Los catalizadores de la fiebre por lo escatológico serían las dos mayores revoluciones conceptuales de la ciencia en el siglo XIX: el desarrollo de la termodinámica y la teoría de la evolución de Darwin.

Aunque la idea de evolución no era nueva, ya que podemos encontrar precedentes incluso entre los grandes pensadores jónicos y en el poema de Lucrecio y desde luego en diferentes naturalistas en la primera mitad del siglo, fue el mérito de Darwin y Wallace desarrollar una teoría con un mecanismo para explicar al evolución, la selección natural. El tremendo impacto de la teoría de Darwin es por todos conocido, pero lo que aquí nos interesa es que demostraba inequívocamente que la vida está sujeta a los cambios. Pero esto no implicaba una evolución de los fenómenos fuera del mundo de la transmutación de las especies y creo que fue más determinante el desarrollo de la termodinámica, sobre todo la formulación del segundo principio. El descubrimiento de que la entropía aumenta en un sistema cerrado, lo que implica que no toda la energía puede aprovecharse para realizar trabajo útil y que una fracción se disipa en forma de calor. Las consecuencias de este principio son muy importantes, ya que implica que en un sistema cerrado si se deja evolucionar el tiempo suficiente, no se podrá producir trabajo útil y toda la energía disponible se transformará en calor. Su aplicación al problema del origen del Sistema Solar fue estudiada por Hermann von Helmholtz y William Thomson (lord Kelvin). Es famoso el artículo de este último donde obtiene una edad para el Sol mucho menor de la que se podría deducir entonces de los datos geológicos y de la teoría de Darwin.

Pero al hacer esto Kelvin también estaba sugiriendo implícitamente un final del Sistema Solar por el enfriamiento del Sol en un tiempo finito. El mismo argumento podría aplicarse al universo en su conjunto y esto fue lo que hizo Rudolf Clausius en 1865 en un artículo titulado Die energie der Welt its konstant; die Entropie der Welt strebt einem Maximum zu. En él mostraba que supuesto el universo como un sistema cerrado de los dos principios de la termodinámica se deduce que en algún momento debería de alcanzarse un máximo de entropía. Clausius denominó a esto la muerte térmica del universo.

9788415988755La influencia de estas ideas en la literatura fantástica son difíciles de cuantificar, pero aquí quiero comentar fundamentalmente dos obras. En primer lugar uno de los clásicos indiscutibles del género de todos los tiempos: La máquina del tiempo de Herbert George Wells. Aunque es sobre todo una distopía que proyecta la estructura de clases de la sociedad industrial de entonces en un futuro lejano también es deudora de las derivaciones filosóficas de la evolución darwiniana y la termodinámica. Wells era muy consciente de que la selección natural no implica un progreso teleológico lo que puede dar lugar a una evolución de la especie humana como la que se encuentra el viajero del tiempo en un futuro remoto. No sólo eso, sino que la propia evolución podría dar lugar a especies completamente ajenas a los humanos actuales.

Pero la parte verdaderamente escatológica de la novela es el fragmento del viaje hacia el futuro más lejano del protagonista de la historia. Esta parte del relato es deudora de las ideas popularizadas en la literatura científica sobre la muerte del Sistema Solar, herederas de los cálculos de Kelvin. De hecho, el viajero del tiempo se encuentra con una Tierra fría y un Sol moribundo. Un mundo extraño en decadencia, en donde la vida trata de adaptarse aunque sabemos que en algún momento perecerá. Esta visión de Wells sobre el futuro último de la vida en el Sistema Solar es pesimista y es una síntesis de la proyección de predicciones basadas en la selección natural y la termodinámica.

Otra novela en la que el fin del Sistema Solar ocupa un papel destacado en la historia es la obra maestra del horror cósmico de William Hope Hodgson: La casa en el confín de la Tierra. En ella se narran las experiencias de un hombre solitario que junto con su hermana y su perro habita una misteriosa casa en un paraje indeterminado de Irlanda. En torno a la vivienda parece residir lo que en la literatura fantástica actual se denominaría un portal a otros mundos. A través de él puede visitar algunos de ellos pero también es asediado por criaturas misteriosas y siniestras. Nunca tenemos claro si sus viajes son físicos o mentales, pero siempre inquietantes.

Entre sus experiencias se narra un viaje psíquico o astral a un futuro lejano en el que el protagonista asiste el fin del propio Sistema Solar. Como en el caso de Wells nos presenta una Tierra sumida en la oscuridad y el frío. Pero Hogdson va más allá y especula sobre cómo podría ser el proceso de enfriamiento del Sol, hasta convertirse en un astro frío y muerto. En la primera parte de la narración se considera una extrapolación rigurosa a partir de la ciencia del momento. Pero Hodgson va más allá hacia el final de este episodio de la novela, ya que sugiere que el destino del Sol es acabar chocando contra un gigantesco sol central. Fue precisamente Johann Mädler quien propuso la hipótesis, a mediados del XIX, de que a partir del movimiento propio de las estrellas en la galaxia podría deducirse la existencia de un sol central muy masivo, ubicado en el cúmulo estelar de las Pléyades y en torno al cual girarían todos los sistemas estelares. Esta hipótesis la popularizó en su obra de divulgación de la astronomía que seguramente fuese la fuente en que se inspiró Hogdson. Sin embargo en la época de la redacción del relato tal hipótesis estaba desacreditada. Además, este mecanismo no refutaba el argumento de la muerte térmica, aunque Wallace consideró una versión más elaborada que sí pretendía evitar ese futuro de aburrimiento termodinámico. Pero el maestro del horror cósmico no se contenta con las colisiones estelares para justificar un futuro para la vida en el universo introduciendo en el relato la existencia de un sol oscuro y una serie de detalles adicionales que crean una sensación de vértigo metafísico mucho mayor en el lector. Al hacerlo la novela se aleja de la ciencia y la historia se completa con elementos claramente fantásticos.

De modo que si en la obra de Hogdson hay más profusión de datos científicos que en la de Wells es esta última la que está mucho más cerca del espíritu de la ciencia. Mientras que Wells es pesimista con respecto al futuro de la vida, Hodgson plantea la existencia de un plano diferente al físico para justificar un futuro para la vida. Pero mantiene el pesimismo en lo que respecta al futuro de la vida como entidad material. Podemos concluir entonces que estamos ante dos obras representativas del sentir de la época sobre la muerte térmica y que son claramente pesimistas. Dos relatos muy influyentes en el desarrollo posterior de la ciencia ficción. Porque en ellas encontramos el vértigo existencial de lo sublime de las escalas del tiempo y el espacio. Esta desazón cósmica se materializaría en la obra de Lovecraft a través de una genuina mitología de la cultura popular posmoderna.

No toda la comunidad científica y filosófica aceptaba acríticamente las conclusiones de Clausius y Kelvin, que tanto influyeron en la literatura fantástica. Autores tan dispares como Herbert Spencer y Friedrich Engels ponían en duda sobre bases filosóficas la aplicabilidad al universo como un todo del segundo principio de la termodinámica. Además en la Dialéctica de la naturaleza Engels sugiere la existencia de diferentes ciclos de evolución cósmica en parte de un universo infinito en el espacio y el tiempo. También algunos físicos pusieron en duda la inevitabilidad de la muerte térmica. El Pierre Duhem criticaba el argumento de Clausius sobre la base de que el valor máximo de la entropía no tiene que ser finito, de modo que podría adoptar cualquier valor entre menos infinito y más infinito. Por su parte el sueco Svante Arrhenius consideraba que las propiedades del medio cósmico permitirían evitar ese infausto escenario. E incluso Balfour Stewart y Peter Tait defendieron puntos de vista espiritualistas y vías de escape bastante excéntricas para evitar la muerte térmica.

Pero la más interesante es la propuesta del gran Ludwig Boltzmann no para resolver el problema del fin del universo sino el de su origen. El padre de la moderna mecánica estadística propuso en una de sus publicaciones que podría considerarse a nuestro universo como una gran fluctuación en el seno de un dominio infinito con las características de un gas en equilibrio térmico. Es decir, en un estado de muerte térmica en un universo infinito. Esta idea se sustenta en que la entropía es un concepto estadístico y son posibles las fluctuaciones en torno a un estado de máxima entropía generado regiones de baja entropía. La probabilidad de tales fluctuaciones sería físicamente ridícula, pero en un universo infinito esto sucedería infinitas veces. A día de hoy este argumento se tiene en cuenta en el análisis del problema de la flecha del tiempo y porque en la cosmología actual hay modelos que permitirían fluctuaciones de este tipo.

La muerte térmica no sería el final, pero las fluctuaciones tienen consecuencias inesperadas. Siempre es más probable que una criatura inteligente se genere por una fluctuación aleatoria que la formación de un universo en el cual tras miles de millones de años de selección natural surja seres inteligentes similares. El sueño de la fluctuación genera monstruos. Pero estos son más acordes con las fantasías propias de la ciencia ficción contemporánea y habrían de ser analizados en otro momento en este blog.

La Teoría de Kozuch de Greg Egan

mayo 17, 2017

Un estudio sobre la física presente en la obra de ciencia ficción de Greg Egan necesariamente habría de concluir en una obra de varios tomos, tan voluminosa y densa como el curso de física teórica de Landau y Lifshitz. Por la profusión de conceptos de matemáticas y física avanzados que emplea el autor australiano, pero sobre todo porque en algunos relatos y novelas desarrolla toda una física alternativa. Aunque en una primera aproximación pueden considerarse algunos invariantes en la confección de sus mundos posibles. Como, por ejemplo, su preferencia por las filosofías del espaciotiempo relacionales. Planteando una auténtica monadología computacional en Ciudad Permutación o una visión sobre la gravedad cuántica en un agujero negro que se inspira en las ideas sobre redes de espín de la gravedad cuántica y la teoría de twistores en el relato La inmersión de Planck. Otra constante es su querencia por las especulaciones del gran físico teórico John Wheeler, muy presentes en las obras de su primera etapa. Sobre otras de ellas hablaré en su momento, ahora me centraré en ciertas especulaciones de Wheeler que están tras la Teoría de Kozuch descrita en la apabullante novela Diáspora.

WheelerLos sueños de Wheeler y Egan conectan con los desarrollos de la física teórica en los últimos años. Se trata de las propuestas del tipo ER = EPR que pretenden establecer la conexión entre el entrelazamiento cuántico de parejas de quarks y las propiedades de agujeros de gusano, soluciones de las ecuaciones de Einstein de la relatividad general sobre las que trataré en los párrafos siguientes. Cuando hace algunos años aparecieron los primeros artículos sobre esta materia lo primero que pensé es que algo así ya se sugería en una novela de Egan, la citada Diáspora en donde se menciona una teoría en la cual las partículas elementales se asocian con las bocas de agujeros de gusano. Pero en realidad Egan no tuvo una visión profética sobre el desarrollo futuro de la física teórica y en realidad utilizó una idea antigua en contexto de la construcción de un mundo posible de ciencia ficción. Una propuesta que apareció en la literatura científica en la década de los cincuenta del siglo pasado, por parte de uno de mis inspiradores de la ciencia ficción favoritos: John Archibald Wheeler.

Wheeler fue el primero en proponer la idea de que podría explicarse la masa de las partículas elementales considerándolas como las bocas de un agujero de gusano. Lo hizo en un artículo titulado Geons donde describía unas soluciones particulares de las ecuaciones del campo electromagnético. Lo que Wheeler pretendía era encontrar un encaje para el concepto de objeto en el marco de la relatividad general. Tras un desarrollo de las propiedades del tipo de las ecuaciones de campo propuestas, Wheeler introduce en el apartado séptimo de su artículo la cuestión de los agujeros de gusano. La presencia de un agujero de gusano en un espaciotiempo sobre el que existe un campo electromagnético implica una distorsión de las líneas de campo eléctrico en torno a la zona del agujero, de modo el efecto que éste tiene sobre aquellas es que correspondan con las que se tendrían en el caso de una carga eléctrica puntual. Cada una de las bocas se correspondería con una carga de signo contrario, de modo que la carga total en el espacio ocupado por un campo eléctrico sin fuentes y el agujero de gusano sería cero. Más adelante el propio Wheeler, junto con Charles Misner,desarrollaría más su idea en un trabajo posterior, incluyendo también la explicación del origen de la masa de las partículas en base a agujeros de gusano. Su objetivo era plantear una descripción puramente geométrica de los campos clásicos (electromagnético y gravitatorio) de modo que todo pudiese expresarse en términos de la curvatura del espaciotiempo. Como una geometrización de la física siguiendo el espíritu de las propuestas de Einstein o de Hermann Weyl.

La idea de tratar de explicar propiedades de las partículas en base a parámetros geométricos o soluciones no singulares de los campos tuvo bastantes seguidores durante algunos años. Feynman introdujo la idea de Wheeler de la carga asociada a los agujeros de gusano en sus clases sobre gravitación. Pero todo ese programa de geometrización de la física fue dejado de lado con los avances en la física de las partículas, y con la aparición de nuevos marcos teóricos. Además, la formulación original de Wheeler se puede aplicar únicamente en el caso clásico, no el cuántico. Pero lo que hace Egan en su novela es postular la existencia de una hipotética teoría cuántica inspirada en el mismo concepto. Y muy inteligentemente no aporta detalles concretos sobre la Teoría de Kozuch, limitándose a considerar el concepto básico como punto de partida para la construcción del mundo posible. Esto implica que el contexto especulativo de la novela es más inmune al avance científico que la que se suele encontrar habitualmente en las obras de ciencia ficción que exasperan al lector con la profusión de detalles técnicos nimios e innecesarios.

Física y metafísica de Watchmen

mayo 15, 2017

Watchmen-cover.svgNo es aventurado afirmar que Watchmen es uno de los mejores cómics de ciencia ficción de todos los tiempos, además de muchas otras cosas. Pero fundamentalmente me interesa este aspecto, ya que voy a tratar brevemente algunos aspectos de la física y la metafísica de esta historia de Alan Moore y Dave Gibbons. Empezando por la física, uno de los conceptos más interesantes introducidos en este cómic es de taquiones, un tipo hipotético muy especial de partículas elementales. Y son muy importantes en el desenlace final de la historia, por lo que implican en cuanto a la alteración de la percepción del tiempo de uno de los personajes principales de la historia. Entonces, ¿qué son los taquiones?

EinsteinLa respuesta surge del seno de la relatividad especial de Einstein, Poincaré y Lorentz, que establece una interpretación geométrica que han de satisfacer las teorías de la física, fundamentalmente las teorías de campos. La relatividad especial, tal como fue formulada por Einstein en un famoso artículo redactado en 1905, trata de las propiedades de las leyes físicas determinadas por un tipo especial de observadores, aquellos que se mueven en sistemas inerciales. Estos son aquellos que se encuentra en reposo (relativo) entre sí, o se mueven unos respecto a otros con una velocidad constante. Entonces la relatividad especial se basa en dos postulados simples: la existencia de una velocidad característica que es la misma para todos los observadores inerciales, que se corresponde con la velocidad de la luz en el vacío; la equivalencia de las leyes físicas para todos los observadores inerciales

Una consecuencia de estos postulados es que no se puede establecer de modo absoluto el concepto de simultaneidad de sucesos, por lo que ha de introducirse un marco geométrico en el que espacio y tiempo van de la mano en una única entidad, el espaciotiempo. Esto es clave para entender la física y la metafísica de Watchmen. Otra predicción es que la masa de una partícula depende su estado de movimiento, o para decirlo de forma más precisa para no dar lugar a confusiones, que la masa que miden diferentes observadores inerciales depende de su estado de movimiento. La dependencia es tal que para que un objeto con masa distinta de cero alcance la velocidad de la luz ha de acelerarse con una cantidad infinita de energía. De ahí surge la imposibilidad de superar la velocidad, en principio, que constituye uno de los grandes temas de la especulación de la ciencia ficción en torno al viaje interestelar. A veces porque se acepta este hecho y se plantean escenarios compatibles con él, otras porque el propio nóvum de los relatos se desarrolla en torno a los mecanismos del viaje interestelar. Esta es la razón de que se afirma a veces que la física predice que nada puede viajar más rápido que la luz. Existen partículas que viajan a la velocidad de la luz ya que su masa medida en el sistema de referencia en que están reposo de valor es cero. Se trata de los fotones que viajan exactamente a la velocidad de la luz. Como no tienen que adquirir tal velocidad eso no supone un problema. Pero sí lo es para cualquier partícula que trate de acelerarse desde una velocidad inferior a la de la luz hasta ella. Pero esta es solo la mitad de la historia.

La relatividad especial establece la imposibilidad física de que una partícula acelere hasta la velocidad de la luz, pero a priori no prohíbe que puedan existir partículas que viajen siempre a una velocidad mayor que la de la luz. La razón es que en la ecuación de dependencia de la masa frente a la velocidad es una raíz cuadrada, y además de la soluciones reales podemos considerar soluciones complejas. La justificación del concepto de taquiones únicamente necesita de conceptos de física y matemáticas al nivel de enseñanza de bachillerato. Aunque el estudio de sus propiedades es más complejo. El físico Gerald Feinberg desarrolló en un artículo escrito en 1967 las propiedades de partículas asociadas a dicho tipo de soluciones de las ecuaciones relativistas. A partir del análisis de Feinberg se deducen algunas propiedades extrañas de este tipo de partículas, que son las que las hacen problemáticas y posiblemente inconsistentes desde el punto de vista físico. En primer lugar, la teoría de la electrodinámica predice que por el hecho de viajar a velocidades mayores de la luz estas partículas deberían de emitir algún tipo de radiación. Este proceso de emisión implicaría un frenado, lo que a su vez haría que emitiesen más radiación aún (este es el fundamento de las armas que aparecen en la novela La Guerra Interminable de Joe Haldeman). Hay que tener en cuenta que para los taquiones lo que requeriría una cantidad infinita de energía sería el frenado hasta alcanzar la velocidad de la luz. De ser así los taquiones deberían de emitir grandes cantidades de radiación que serían detectables. A día de hoy no se han detectado trazas de taquiones, aunque se plantean explícitamente en los catálogos de físicas de partículas los límites de resolución de las medidas que descartan su existencia.

En segundo lugar, el hecho de que los taquiones se asocien con soluciones con energía con un valor imaginario implicaría que el vacío de las teorías cuánticas de campo para las interacciones fundamentales fuese inestable frente a la presencia de taquiones. Como parece que no estamos achicharrados por un baño de radiación parece ser que a pesar de todo no existen los taquiones, que sepamos. Además, es esta una cuestión interesante ya que en su momento algunos modelos de cuerdas predecían la existencia de taquiones, y estos puede eliminarse considerando la supersimetría, pero las observaciones indican que la naturaleza no tenga ninguna predilección por tal tipo de simetría. Los problemas de la presencia de los taquiones podrían resolverse postulando que estos se encuentran en algún tipo de fase condensada, o que se manifiesta en realidad como algún tipo de partícula convencional, como formas exóticas de neutrinos.

Los taquiones son importantes para la ciencia ficción porque tienen una propiedad muy interesante. Al viajar más velozmente que la luz podrían transmitir información del futuro al pasado, violando la causalidad. Esto es una consecuencia de la la relatividad de la simultaneidad, que comentaba anteriormente. Se han planteado diferentes experimentos mentales que muestran las paradojas que surgen con los taquiones, por ejemplo a partir de una ideada por el físico Richard Tolman, analizada por Gregory Benford, a quien también le debemos una de las pocas novelas de ciencia ficción donde los taquiones son una parte esencial en la trama: Cronopaisaje. Para establecer la causalidad y la coherencia de las líneas causales hay que introducir condiciones de consistencia para las historias admisibles. Por ejemplo, un bucle autoconsistente causalmente es el que se muestra en la película Interstellar dirigida por Christopher Nolan. Pero este tipo de estructuras en el espaciotiempo, y la perspectiva geométrica para analizarlos, plantea cuestiones muy importantes con respecto a la naturaleza de nuestra experiencia del tiempo. Y aquí es donde llegamos a la metafísica de Watchmen.

Porque el de la naturaleza del tiempo es un problema fundamental de la filosofía de la física, el establecimiento de una filosofía del tiempo. Donde más claramente se hace explícito cuál es el problema, es cuando se atiende a la explicación de Manhattan en el episodio de Marte del cómic, pues en él presenta una filosofía del tiempo muy determinada. El nudista azulado parece percibir el tiempo de un modo muy distinto al del resto de los personajes y ele lector, ya que él nos sugiere que de alguna forma percibe los instantes de tiempo de forma simultánea, no siguiendo la secuencia temporal que el resto de nosotros. Para él el fluir del tiempo constituye un bloque, una foto fija en la que pasado, presente y futuro coexisten simultáneamente. A esta concepción del tiempo se la denomina eternalismo

La relatividad especial es un marco geométrico básico que ha de cumplir cualquier teoría física, introduciendo una estructura en la que el espacio y el tiempo forman parte de una única entidad geométrica, el espaciotiempo. En la relatividad general como teoría de la gravitación se demuestra además que tal entidad geométrica tiene una dependencia dinámica con respecto a la distribución de materia. Como resultado de la introducción de sus propiedades geométricas, que son absolutas (es decir, no dependen del estado de movimiento) surgen algunas consecuencias curiosas en lo que al comportamiento de algunas magnitudes físicas fundamentales se refiere. Esta estructura implica que la medición de las longitudes o los tiempos dependen del estado de movimiento, no obteniendo el mismo resultado de una medición por parte de un observador en reposo que por parte de uno en movimiento a velocidad constante. No obstante, cuando se miden distancias espaciotemporales todos los observadores miden lo mismo, y por lo tanto la teoría no es, como equivocadamente se dice, una teoría en que todo es relativo, sino en la cual las leyes físicas son absolutas en un marco geométrico, y la relatividad de las mediciones surge como resultado de emplear un marco geométrico inadecuado. Y relativa es también la simultaneidad de los acontecimientos, lo que pondría en duda la validez de nuestra percepción del tiempo como un fluir del pasado al futuro, ya que podría haber observadores inerciales para los cuales el orden podría ser diferente, aún cuando la línea causal en el espaciotiempo esté perfectamente bien definida sin ambigüedades. Lo que para un un observados son dos sucesos simultáneos, para otro puede resultar en que acontecen en diferentes instantes de tiempo, incluso el orden secuencial que pueden percibir dos observadores puede variar, aunque la secuencia de acontecimientos es absoluta en el espaciotiempo. Además, ese punto de vista aparentemente ingenuo del transcurrir del tiempo a de confrontarse con la existencia de los bucles temporales o las partículas que transmiten información desde el futuro al pasado.

1925_kurt_gödelEl gran físico George Gamow tituló su biografía haciendo referencia a este hecho, describiendo su devenir vital como «una línea de universo». También es famosa la carta en que Einstein habla a la viuda de su gran amigo Michelle Besso sobre su convicción en la ilusión del fluir del tiempo. Es decir, no hemos de ver el tiempo como una película sino como una foto fija, o empleando una analogía mejor en este caso, como una página de cómic en que se desarrolla nuestra vida, como si todo fuese una única página de cómic estática. Una idea del tiempo como algo estático que también compartía el matemático Kurt Gödel, cuyas contribuciones al estudio de la relatividad general, en las que se incluye un modelo de universo que permite el viaje en el tiempo (empleado por Stephen Baxter en la novela Las naves del tiempo), pretendían justificar la filosofía del tiempo del eternalismo.

Precisamente el episodio de Marte del cómic de Moore y Gibbons muestra a la perfección esta concepción del paso del tiempo con la propia estructura de la narración. En este caso el formato del cómic es una pieza fundamental en la interpretación de la filosofía del tiempo desde un punto de vista ontológico. El eternalismo no se considera únicamente en Watchmen, y esta filosofía también la encontramos en la obra de un autor tan interesante como Kurt Vonnegut. En Las sirenas de Titán uno de los protagonistas percibe el tiempo de forma diferente al resto de los personajes, y lo hace al mismo modo que el doctor Manhattan. Pero en la novela de Vonnegut se plantea la cuestión del determinismo y el libre albedrío. No es casualidad que también se lo pregunte en Watchmen Laurie a Manhattan, con una respuesta que claramente se decanta por el determinismo absoluto (algo que también se deduce de algunos pasajes de From Hell, en dónde Moore también explora aspectos del eternalismo desde otros puntos de vista narrativos).

Creo que la respuesta que plantean tanto Vonnegut como Moore es demasiado simple. Mucho más interesante es la respuesta de Ted Chiang en su relato La historia de tu vida (adaptado al cine en La llegada, aunque en la película el director Denis Villeneuve optó por obviar las referencias a la física) en dónde también se recurre a la misma filosofía del tiempo. Además de presentar una interesante reflexión sobre cómo el lenguaje altera nuestra propia percepción del tiempo, Chiang analiza el problema del determinismo frente al libre albedrío desde una perspectiva más general que Moore y Vonnegut. Además, la mayor parte de los cuentos de Chiang tratan sobre el determinismo desde diferentes puntos de vista, con lo que los diferentes aspectos del problema filosófica se complementan con diferentes perspectivas por parte de este autor. Lo fundamental en el relato de Chiang es que plantea una interpretación variacional de la percepción del tiempo. En física podemos plantear las ecuaciones en términos de ecuaciones locales o de ecuaciones integrales globales, y esto último da lugar a las formulaciones de principios variacionales, que establecen que una magnitud física ha de alcanzar un máximo o mínimo.

En mecánica los principios variacionales se emplean para estudiar las trayectorias de las partículas en la naturaleza. De todas las posibles trayectorias en un espacio abstracto de coordenadas la que se adopta una partícula es aquella que hace que el producto de la energía por el tiempo (la acción) sea un valor extremo (máximo o mínimo, pero también hay otro caso que no comentaré). No hay una teleología en el comportamiento de la partícula, no hay una agente rector, es la descripción matemática de un proceso físico global. En el relato de Chiang la protagonista no está siendo dirigida por una maquinaria de reloj como a la que hace referencia Manhattan, ella toma sus propias decisiones y no existe una contradicción con la idea de libre albedrío en la medida en que su elección es global. Digamos que ella elige su trayectoria en el contexto global de la historia de su vida, y esta elección implica una serie de elecciones personales y hechos que le acontecen, de ahí el determinismo. Quizá podría encontrarse una analogía con el concepto de armonía preestablecida de Leibniz, si tratamos de formularlo con precisión matemática, y no en vano el filósofo alemán fue un precursor de la concepción variacional de la física. La relatividad especial puede formularse a partir de un principio variacional lo que implica que podemos interpretar la filosofía del tiempo en el sentido que experimentan Manhattan, el millonario excéntrico de la novela de Vonnegut o la lingüista de Chiang de este modo.

En sus notas sobre La historia de tu vida Chiang ha explicado que su idea original era construir el relato desde la perspectiva variacional de la física cuántica pero que al final optó por describir la perspectiva clásica para no marear mucho al lector. Y es que si tenemos en cuenta la interpretación en términos de una formulación variacional planteada por Feynman lo que era un mero juego matemático tiene un significado físico preciso. Realmente se da el caso de que se produce un promediado por toda las trayectorias físicamente posibles. En el caso clásico las trayectorias son ficticias, en el cuántico son reales, de alguna manera existe un tanteo de trayectorias. Pensad lo que eso significa en el contexto de las historias que he comentado.

Pero para Alan Moore el eternalismo no es únicamente una filosofía del tiempo que se deriva de la física, sino que tiene realmente una justificación verdaderamente metafísica, y en un sentido mucho más fuerte del término del que he empleado aquí. Porque el guionista de Northampton adopta una filosofía neoplatónica acorde con su concepción mágica de la naturaleza, y en ella se considera el tiempo como eternidad que equivale a la propia del eternalismo. Hasta tal punto de que su novela Jerusalem pretende ser un desarrollo de una narrativa eternalista sobre la épica de la ciudad natal del autor. Esto plantea la cuestión de hasta qué punto el origen de la filosofía del tiempo en Watchmen tiene un origen esotérico en vez de científico. Pero es materia para otra reflexión más general en torno al papel de la filosofía del tiempo en la ciencia ficción.

Las fuentes de la magia en Juego de Tronos

junio 3, 2016

En el mundo de la serie Juego de Tronos hay religiones, y tienen un papel crucial en la trama. No solo como trasfondo, también como parte de ella, lo que se ha mostrado más evidente aún con lo que vamos viendo del desarrollo de la sexta temporada. No podría ser de otro modo en una sociedad medieval. También hay magia, poca al principio, pero aumentando cada vez más su presencia. Y los oficiantes de algunas de las religiones emplean la magia, a veces con resultados espectaculares. Así que, una buena pregunta es ¿pero dónde están los dioses?

Porque lo cierto es que hasta el momento no hay pruebas fehacientes de ninguna entidad pretenatural, por muchas cosas maravillosas que hagan ciertos creyentes no hay apariciones o mensajes inequívocos de los dioses. Las profecías fallan, o tienen modos de cumplirse bastante retorcidos, no está claro que las voces de los dioses sean tales. Por eso, una pregunta que creo fundamental para entender los atractivos que este mundo imaginado, es el origen de la magia. Específicamente si esta es teúrgica, o en realidad podemos considerar que estamos ante un tipo de magia natural.

La cuestión no es accesoria, porque en el primer caso la magia tiene una entidad preternatural, quizá sobrenatural, que dota de un carácter eminentemente fantástico y maravilloso al mundo de ficción. De lo contrario, podríamos estar ante un mundo posible, donde la magia no podría ser más que una manifestación de “otro tipo de leyes físicas” en otro dominio de un hipotético multiverso. Problema que ha sido tratado con seriedad y rigor por teóricos de lo fantástico, y en el que convergen la filosofía de la ciencia y la teoría de la literatura.

En este caso en concreto las evidencias, por ahora, apuntan claramente hacia una magia natural. La mayor parte de los acontecimientos mágicos podrían explicarse en base a fenómenos metapsíquicos o paranormales. O utilizando cualquier de las explicaciones racionalistas, espiritualistas sólo en parte, para lo mágico y misterioso: Ánima Mundi, inconsciente colectivo, poderes psíquicos, la Fuerza, etc. Es más, tal parece que hay una especie de campo mágico, ya que las principales fuentes o agentes de propagación son los dragones y los Caminantes Blancos. En el caso de estos últimos el efecto de la magia está muy localizado en torno a ellos, y además, y eso es lo más importante, en torno a ciertos materiales mágicos. No parece tanto que sea un dios, aunque alguna sacerdotisa roja lo sugiera.

Lo más interesante es que tanto unos como otros agentes de la magia no tienen su origen en entes externos, pues son obra de magos de una antigua civilización (que podían ser científicos de la magia) o una raza humanoide bien versada en las artes mágicas. Habrá que ver cuánto aprendemos más de estas manifestaciones de la magia, pero todo esto son evidencias de un sesgo fuertemente materialista en la concepción de la magia en el Martinverso. O siendo más conservador en el empleo de términos, inmanetista. Esto tiene implicaciones en el análisis de la interacción de las religiones en el mundo posible de la historia. Porque al plantearlo así se dota al ámbito de la narración de un subtexto ateo muy fuerte, e interesante. Ya que claramente se demuestran los vicios y aspectos siniestros de la religión, y una sociedad medieval dominada por ella.

Aunque George Martin no es completamente original en esta forma de concebir lo mágico y lo fantástico, pues podemos encontrarla en otros autores de fantasía contemporánea, creo que es algo a tener en cuenta que la saga literaria fantástica de mayor éxito actual recorra estas vías de la especulación proyectiva. Y creo que un modo más claro, la serie de televisión. Este puede ser uno de los aspectos que sorprenda más a los espectadores no tan acostumbrados a la fantasía.

También hay que destacarlo porque hay autores notables dentro de la fantasía que claramente han mostrado magia con un origen sobrenatural, siendo el ejemplo más diáfano Tolkien, al presentar su versión mítica del pasado de nuestro mundo como resultado de las emanaciones de una divinidad, con un planteamiento muy próximo al de Plotino y los neoplatónicos. Aunque lo disfrace con un “mito musical” y nombres de inspiración nórdica.

La senda recorrida por Martin y otros autores contemporáneos sigue la ya trazada por otros, hasta el punto de que creo que podría hablarse, aunque pueda parecer paradójico, de una fantasía materialista. Siendo su principal pionero Howard en sus famosos relatos de Conan. Pero esa, es una narración que habrá de ser relatada en otra ocasión…

El siglo de la relatividad general en la ciencia ficción

noviembre 25, 2015

En el año 2005 se cumplía el centenario del «Annus mirabilis» de Albert Einstein, quien con sus cinco artículos fundamentales revolucionó completamente la física. Todas las aportaciones que realizó entonces fueron fundamentales para el desarrollo de esta ciencia: su formulación de la relatividad especial; su descripción del efecto fotoeléctrico, paso fundamental en el desarrollo de la física cuántica; su modelo del modelo browniano, que desarrolló una rama de la mecánica estadística y permitió determinar las dimensiones moleculares, aportando la prueba definitiva de la hipótesis atómica; la demostración de la famosa relación entre masa y energía, posiblemente una de las ecuaciones de la física más conocidas por el público en general, auténtico icono popular de ecuación científica.

Escribí entonces un artículo que apareció publicado en el nº 15 de la extinta revista Galaxia en el cual exponía como todos esos avances habían tenido una influencia capital en el desarrollo de las temáticas propias de la literatura de ciencia ficción. Fundamentalmente aquellas asociadas con la relatividad, centrándome en una primer parte del texto en la especial, y en una segunda en la general, específicamente en lo que concierne a esta última como un paso más en la justificación del viaje en el tiempo. Pues ahora que este 25 de Noviembre se cumple un siglo de la presentación de las ecuaciones de campo de relatividad general por parte de Einstein en la Academia Prusiana de Ciencias, es un buen momento para revisar cuáles han sido las aportaciones que esta importante teoría en el ámbito de la física ha tenido para el desarrollo de la ciencia ficción.

Lo cierto es que no puede entenderse la moderna ciencia ficción sin la relatividad general, pues gracia a ella tenemos elementos básicos que constituyen el nóvum de las historias, como es el caso del viaje en el tiempo, por ejemplo. Pero también entornos y ambientaciones, pues mucho de lo que sabemos sobre nuestro entorno astrofísico y el universo mismo deriva de las predicciones de la teoría sobre la gravitación desarrollada por Einstein.

Si la relatividad especial de Einstein, Lorentz y Poincaré presenta la naturaleza geométrica del continuo espacio-tiempo, pueden imaginarse modos mediante los cuales pueda producirse un viaje en el tiempo. Por ejemplo, un viaje al futuro como resultado de la dilatación temporal, o un viaje al pasado mediante el empleo de taquiones, partículas hipotéticas que podrían viajar siempre a velocidades mayores que la de la luz en el vacío. Pero estas opciones no indican un cómo, un método para poder viajar al pasado, que no impliquen energías infinitas, o diferentes complicaciones de las que no se puede escapar, que es lo que ocurre con los taquiones. Y aquí es donde entra en juego la relatividad general.

Es así porque en esta teoría el continuo espacio-tiempo es dinámico, puede curvarse y dicha curvatura evolucionar en tiempo y espacio, y tal dinámica está determinada parcialmente por la distribución de materia-energía (parcialmente porque puede existir una curvatura intrínseca del espacio-tiempo aún en ausencia total de materia-energía). Esto implica que pueden existir regiones del espacio-tiempo con tanta curvatura, tan distorsionadas, que se puede establecer una rotación el espacio-tiempo tal que la línea del mundo (la historia de una partícula, una persona o una nave en la relatividad general) pueda curvarse sobre sí misma, permitiendo el viaje al pasado.

Se tiene entonces que en el contexto de la relatividad general sí que existen soluciones físicamente consistentes en la que la distorsión permite el viaje en el tiempo: agujeros que conectan regiones separadas (agujeros de gusano); fisuras o distorsiones del espacio-tiempo (warp drive); cuñas (espacio-tiempos de cuerdas cósmicas); espacio-tiempos rotatorios (universos de Gödel). Todas estas soluciones se han empleado en la ciencia ficción para justificar el viaje en el tiempo, y en algunos casos, como sucede con los agujeros de gusano y los motores de distorsión, para superar el propio límite de una velocidad máxima impuesta por la propia teoría de la relatividad especial.

No puede entenderse la ciencia ficción sin esta concepción científica del viaje en el tiempo. La historia del viaje mágico al futuro era un tópico del antiguo folklore de las hadas. Pero tenía una justificación mágica, sobrenatural o alegórica. Es Wells el primero que considera una justificación científica del viaje en el tiempo en su La máquina del tiempo, y lo hace postulando una rotación geométrica en un espacio de cuatro dimensiones, anticipando las ideas de Einstein de algunos años antes. Pero la máquina del tiempo sólo puede ser efectiva cuando se describen los modos por los que viajar por el espacio-tiempo curvado que permiten el viaje en el tiempo.

Pero otro ámbito en donde la relatividad general ha tenido una influencia devastadora en el desarrollo de ideas y conceptos ha sido en el de la escatología, la reflexión sobre el estudio del futuro último del universo y la vida que contiene. Tan pronto como algunos meses después de obtener sus ecuaciones Einstein ya publicó un artículo sobre la aplicación al problema cosmológico de sus ecuaciones de campo, y también en 1917 De Sitter obtuvo su solución a dichas ecuaciones en ausencia de materia-energía que a día de hoy es un pilar fundamental en la moderna cosmología inflacionaria. En las dos décadas siguientes el matemático Fridman, el físico Lemaitre y astrónomo Hubble aportaría las bases teóricas y observaciones para el desarrollo de la idea de un universo dinámico en evolución, regida ésta por las leyes generales de la gravitación planteadas por Einstein. Porque podía especularse sobre el origen, pero también sobre el futuro.

Es cierto que antes de la relatividad general existió una muy limitada especulación cosmogónica por parte de científicos destacados. E incluso, que muchos de los conceptos que aparecen en la cosmología relativista podrían haberse presentado en el ámbito de la física newtoniana. Pero como digo, fueron aportaciones muy escasas, y poco influyentes en la comunidad científica. Pero fue la relatividad general la que cambió eso. Y también cambió la forma de entender un subgénero de la ciencia ficción.

Si la especulación cósmica de autores como Hodgson o Wells se limitaba a reflexionar sobre inevitabilidad o no de la muerte térmica y el futuro del Sistema Solar, y quizá la Vía Láctea, los autores influidos por la cosmología relativista han dispuesto de toda una batería de escenarios para el futuro del universo. Un colapso final o una expansión eterna aportan visiones del futuro muy diferentes. Parece que en el primero no hay muchas posibilidades para la vida, mientras que en el segundo ésta podría adaptarse por métodos ya imaginados por Bernal antes del gran desarrollo de la cosmología.

Tan pronto como en 1937, cuando la cosmología moderna aún estaba en pañales, Olaf Stapledon se imaginó el origen, desarrollo y futuro de nuestro universo, y muchos más, en su ciclópea Hacedor de estrellas, posiblemente la obra cumbre de la ciencia ficción escatológica. Desde entonces el futuro del universo predicho por la relatividad general ha jugado un papel destacado en la ciencia ficción más especulativa. Un colapso con renacimientos en Tau Cero de Paul Anderson, o un fin lento en la decadencia de la expansión de El mundo al final del tiempo de Frederich Pohl, son buenos ejemplos de ciencia ficción escatológica. Incluso en el mundo de cómics estos escenarios cosmogónicos han sido influyentes, siendo fundamentales para comprender uno de los orígenes de una de las entidades cósmicas más fascinantes del Universo Marvel: Galactus.

Finalmente, la relatividad general también ha dotado a la ciencia ficción de un montón de escenarios exóticos y extremos. Pues son predicciones directas de la teoría la existencia de objetos tales como las estrellas de neutrones, pronto incorporadas al acervo del género por autores como Larry Niven, o fuentes de interesantes especulaciones en la ciencia ficción española por parte de Daniel Mares. Y por supuesto, los agujeros negros, que si bien no han estado tan presentes en el género como el público en general suele pensar, sí que han ganado mucho espacio en las dos últimas décadas.

Lo cierto es que muy difícil imaginarse la moderna literatura de ciencia ficción sin las aportaciones conceptuales de la relatividad general de Einstein. En la medida en que se cumple un siglo de relatividad general, también lo hace el desarrollo de toda una concepción de la ciencia ficción. Y quién sabe si no estaremos celebrando también el siglo del origen del género en sí mismo.

Antes de Akasa-Puspa (Edición y selección de Juan Miguel Aguilera)

noviembre 19, 2015

9788415988977Ya está a la venta Antes de Akasa-Puspa, antología que incluye mi relato «Ars Magna». Por diversas razones, este año no ha sido muy productivo para mí en lo literario, y precisamente por ello es una satisfacción terminar el año con un relato en una antología como ésta, que pertenece además a un universo narrativo que no me es ajeno.

Pero sobre la antología en general hay mucho, y bueno que decir. En primer lugar su origen, como una idea surgida en una edición del festival Celsius, pero cuyo desarrollo es heredero directo de un taller de escritura de fantasía y ciencia ficción realizado por Juan Miguel Aguilera, en el local Bibliocafé, de Valencia. Que las enseñanzas en ese taller fueron bien aplicadas creo que está demostrado en la calidad de los relatos incluidos en este volumen escritos por los asistentes. Además, el seleccionador pudo trabajar directamente con los materiales, para datar a la obra de una unidad temática. Pues no debemos olvidar que trata sobre una historia del futuro de la humanidad que abarca intervalos de tiempo muy extenso. Más adelante nos fuimos incorporando otros autores para ir rellenando los flecos en esta fascinante historia del futuro, o porque algunos relatos suyos podían encajarse en esta trama general. El por qué de cada uno es explicado por Juan Miguel Aguilera en el texto con el que termina el volumen.

Su origen explica una de las cosas que como autor, y creo que como lector si no estuviese vinculado con este proyecto, me parece destacable. Es la mezcla de autores noveles con otros consagrados y con un palmarés destacado. La diversidad de temas y enfoques, y a la vez la gran coherencia que resulta de todo ello. Y por supuesto, la destacada presencia femenina, que no debería de ser noticia a esas alturas, pero bueno. Lo cierto es que uno de los síntomas de la normalización social de la ciencia ficción es la presencia importante de mujeres en el ámbito de la narrativa de ciencia ficción española. La naturalización del género siempre es buena, y creo que esta antología, es una muestra también de ello.

En cuanto a mi relato, su escritura conllevó una gran responsabilidad para un pequeño arconte, un creador secundario dentro de la magna obra de los gigantes demiúrgicos Aguilera y Redal. Pues se trata de un relato de las fases de construcción de la Esfera, labor difícil y compleja desde el punto de vista de la física, capaz de poner a máxima potencia a las neuronas, pero a la vez tremendamente divertida.

La máquina del tiempo (H. G. Wells)

septiembre 16, 2015

Cualquier excusa es buena para hablar sobre un clásico de la ciencia ficción escrito por H. G. Wells. En este caso es la nueva edición por parte de Sportula de La máquina del tiempo, con una nueva traducción de Rodolfo Martínez y un prólogo de Félix J. Palma. Creo que es una buena edición de este clásico. Pero no será esto una reseña convencional de esta edición, favorable o crítica. No, lo que haré será hablar de lo que considero relevante de este clásico del género de la ciencia ficción desde mi punto de vista como físico.

9788415988755

¿Y qué puede ver un físico en este relato sobre un viajero del tiempo victoriano? Depende de su marco de referencia, pues puede analizar la obra en su contexto literario, con un método y forma determinados, pero sin hacer referencia a los conceptos físicos presentes. Ese tipo de análisis lo efectuaré en este blog con otras obras. Pero aquí quiero adoptar otro enfoque, pues pretendo analizar el desarrollo de conceptos físicos fundamentales. Al hacerlo así se podrá determinar cómo en este caso es algo más que un ejemplo de física en la ciencia ficción, y cómo realmente se trata de una obra de interés para entender la ciencia ficción desde el punto de vista literario sin tener en cuenta para nada la validez de los principios físicos o el enfoque filosófico empleado por el autor.

Para empezar el relato de Wells es el primero en presentar, desde un punto de vista genuinamente científico, una de las temáticas claves de la ciencia ficción: el viaje en el tiempo. No es el primer relato de viajes en el tiempo, pero la mayoría de los anteriores empleaban premisas fantásticas, mágicas, pero no científicas. También es cierto que Enrique Gaspar se anticipó a Wells con una obra de romance científico con viajes en el tiempo, pero no desde la perspectiva científica de Wells.

La clave está en cómo Wells plantea la teoría del viaje en el tiempo, expresado por el viajero a través de las palabras del narrador. Pues considera hace dos afirmaciones. Una que el tiempo es una dimensión más, similar en lo matemático, y quizá en lo físico, a las tres espaciales. Y que el viaje en el tiempo se puede realizar mediante una rotación en el seno de de este espacio-tiempo de cuatro dimensiones. La concepción de Wells resultó ser profética, ya que es compatible con el marco conceptual de la relatividad especial desarrollado por Einstein, Lorentz y Poincaré años más tarde. Hay que hacer notar, incluso, que la geometrización de la relatividad especial fue desarrollada por Minkowski cuatro años después del trabajo fundamental de Einstein.

El hecho de aceptar el tiempo como una dimensión más implica que es posible realizar movimientos en el seno de ese espacio, que implique un desplazamiento temporal, implicando de algún modo algún tipo de transformación, como una rotación. Posiblemente el ejemplo de la rotación fue el que pensó Wells al ser el más sencillo en el contexto de la moderna geometría que se estaba desarrollando a lo largo del siglo XIX. Pero lo cierto es que las transformaciones de sistema de referencia en relatividad especial se representan mediante rotaciones en el espacio-tiempo. Quizá fue una genial intuición de Wells, pero también es muy probable que en realidad estuviese al tanto de ideas como las de Felix Klein, así que no parece tan extraño.

Tampoco lo es que pensase en el tiempo como una cuarta dimensión. En esa época el concepto de cuarta dimensión era muy popular entre científicos y escritores, en el que muchos veían un comodín explicativo para los fenómenos metapsíquicas, o un recurso para dotar de una pátina de positivismo a los relatos de terror sobrenatural. El propio Wells recurrió a la cuarta dimensión como novum de ciencia ficción, y como justificación de la existencia de otros mundos junto al nuestro, en uno de sus mejores relatos cortos, que es La historia de Plattner. Así que lo único que hace en La máquina del tiempo es considerar que esa cuarta dimensión en realidad sea importante. Pero haciéndolo sin realizar ninguna hipótesis sobre cuál podría ser realmente la estructura del espacio-tiempo, como si haría un autor de ciencia ficción hard actual. De hecho, la explicación del funcionamiento de la máquina son unas pocas frases ambiguas. Esa falta de detalles de concreción científica (que por el contrario Wells si añade en mayor medida en algunos de sus relatos cortos) es la clave para entender cómo una sencilla intuición de un autor de ficción pudo resistir a los impredecibles avances de la ciencia.

Por eso el relato de Wells es un clásico, porque en ese sentido ha envejecido muy bien. Y la superación del conocimiento científico del autor no ha implicado la pérdida de la verosimilitud suficiente para que el lector pueda realizar un contrato de ficción con la obra en la que pueda considerar la justificación física del viaje en el tiempo como verosímil. Pero Wells también recurre a otra potente idea clave, la de la muerte térmica.

Uno de los grandes avances en la física del siglo XIX fue el descubrimiento de las leyes termodinámicas, y la explicación de la famosa Segunda Ley como un aumento de la degradación de la energía. Poco después de que Clausius formulase el incremento de la entropía como una propiedad fundamental de un sistema termodinámica cerrado, él mismo y otros autores se plantearon la cuestión de si el Sistema Solar, o el Universo mismo, podrían considerarse como un sistema cerrado. En cuyo caso el aumento constante de la entropía implicaría la perdida de energía útil, hasta llegar un momento en que no pudiese realizarse ningún tipo de trabajo, en que no pudiese haber vida.

El Sol en algún momento habría de enfriarse por completo, y todo el calor del sistema planetario a su alrededor disiparse hasta que la vida fuese imposible en la Tierra cualquier otro planeta del sistema. Y esto podría suceder en todos los sistemas estelares, y en todo el Universo, hasta que éste mismo resultase completamente aburrido y totalmente estéril en lo que se refiere al mantenimiento de la vida. Es lo que se conoce como la Muerte Térmica.

Muchos autores adoptaron esta idea para dar lugar a todo un género dentro del romance científico y la novela fantástica, el de la Tierra moribunda. Todo un antecedente de la moderna ciencia ficción escatólogica. Si bien en La máquina de tiempo Wells no muestra la decadencia de todo el universo, y únicamente lo hace mostrando un pasaje de la Tierra moribunda en un breve pasaje de la historia, lo cierto es que su obra constituye uno de las más hermosas e inquietante visiones de la decadencia del la vida en un futuro distante. Y aunque los avances en cosmología han puesto en duda la concepción original de la Muerte Térmica, es un escenario que sigue ocupando un lugar importante en la escatología física, como uno de los posibles futuros de nuestro universo.

Teniendo todo esto en cuenta, el balance que puedo hacer del relato de Wells desde mi punto de físico es muy bueno. Y sin embargo en su relato apenas encontramos referencias detalladas a la física de su tiempo, salvo las pinceladas que mencionaba anteriormente. Pero precisamente por eso es una obra que ha llevado muy bien el paso del tiempo, y también por eso Wells es uno de los autores más científicos de los orígenes de la moderna ciencia ficción.

Finalmente, quiero agradecer a la editorial Sportula la gentileza del envío de un ejemplar de prensa para su reseña en este blog.

El tiempo en El Ministerio del Tiempo

abril 14, 2015

Es posible enumerar diversas razones por las que criticar o elogiar la serie de El Ministerio del Tiempo. Como elogio, claramente se puede decir que ha conseguido que mucha gente se siente delante de su ordenador, o frente a su móvil, y se enzarce en discusiones sobre el viaje en el tiempo y sus misterios. Pero lo hacen no sólo aquellos que encuentran como algo novedoso este tipo de historias, también aquellos que tienen tras sus espaldas un buen número de lecturas sobre el tema. En estas discusiones sobre la naturaleza del viaje del tiempo se encuentran también algunos de los argumentos de los detractores de la serie. Creo que antes de realizar una crítica o una defensa del tratamiento narrativo del viaje en el tiempo en la serie es conveniente definir un contexto para la discusión y el debate, y es lo que pretendo hacer en lo que sigue.

La especulación sobre el viaje en el tiempo es compleja desde un punto de vista filosófico, por todo lo que la propia idea del viaje en sí implica, pero también desde el punto de vista físico. En primer lugar, ha de considerarse el marco teórico con respecto al cual se pueda plantear o no la posibilidad del viaje en el tiempo. Si bien la teoría sobre el espacio-tiempo y gravitación de Einstein permite el viaje temporal como tal es posible que éste plantee algún tipo de inconsistencia en otra teoría, como la mecánica cuántica, por ejemplo. Por ejemplo, se pueden plantear soluciones de las ecuaciones de la relatividad general realistas desde un punto de vista físico como los agujeros de gusano o el motor de distorsión que permitirían el viaje en el tiempo, pero estas soluciones podrían ser inestables como resultado de las fluctuaciones cuánticas. Por lo tanto, desde el punto de vista de la verosimilitud de un escenario de ciencia ficción, es esta la primera cuestión que hay que considerar. Pero el mecanismo, cuando nos vamos a la estructura narrativa de los relatos es secundario, si hay una coherencia general que permite una verosimilitud científica de todo el escenario. Y ese es el caso en la mayor parte de la ficción contemporánea sobre viajes en el tiempo, pues la física establece que es posible.

En segundo lugar, hay que considerar las implicaciones del propio viaje en el tiempo en sí, y las consecuencias que este tiene. Es decir, el viaje puede ser posible, y su existencia puede no dar lugar a dilemas en la aplicación de las teorías de la física a su contexto, pero sí podría suceder a considerar algunas consecuencias del viaje en sí. Es aquí donde surgen las famosas paradojas temporales. Al viajar al pasado pueden plantearse situaciones paradójicas en donde la actuación del viajero implique que éste no hubiese nacido, y por lo tanto que no se produjese el viaje. Aparentemente este tipo de paradoja tiene una naturaleza más metafísica que física, pues la paradoja surge asociada con nuestra concepción metafísica de la realidad.

Más fáciles de manejar desde un punto de vista físico son los bucles temporales, las historias cerradas sobre sí mismas. En la relatividad la historia de un objeto viene inscrita en la línea de universo, una trayectoria en el seno del continuo espacio-tiempo. Y la teoría de la relatividad general permite líneas de universo cerradas sobre sí mismas (Curvas cerradas de tipo temporal o CTC). Algunos físicos han defendido la consistencia física de las historias asociada con CTC, y lo han demostrado a partir de sistemas mecánicos simples. Para evitar las paradojas lógicas se plantea como un axioma o principio físico que sólo las historias que son autoconsistentes son posibles desde un punto de vista. En la narrativa de ciencia ficción este tipo de condiciones se han aplicado con frecuencia, por ejemplo al plantear lo que aparentemente es un bucle perfecto como en Todos vosotros zombis de Robert Heinlein. Otra posibilidad para evitar las paradojas es la propuesta de que cuánto más se intente cambiar la historia más esta se empeña en mantenerse como plantea Alfred Bester plantea en Los hombres que asesinaron a Mahoma, imponiendo una inercia del tiempo frente a cambios que aparentan ser importantes, que tiene como consecuencia de que no es la línea del tiempo que los viajeros pretenden eliminar la que se difumina, sino ellos mismo. Todos estos autores plantean una conspiración de las condiciones iniciales y de contorno para asegurar la consistente frente a las paradojas, o la resiliencia del espacio-tiempo frente a los viajes temporales. Pero en El Ministerio del Tiempo no se hila tan fino en la resolución de los dilemas del viaje en el tiempo, pues está pensada para un público generalista, y por eso algunos críticos ven en ella una mala presentación del viaje temporal. Sin embargo, creo que están en parte equivocados al buscar un nivel de profundidad en detalles concretos de la historia sin considerar antes cuál es realmente la filosofía del tiempo implícita de la serie. Ahí es en donde se encuentra el meollo del asunto.

Partiendo de las teorías bien establecidas en el ámbito de la física se puede plantear diversas filosofías sobre el tiempo. Si se considera el espacio-tiempo de Galileo y Newton, en el cual se puede establecer la simultaneidad temporal de los acontecimientos, se pueden considerar tres filosofías del tiempo. Se parte del hecho de que el espacio se puede dividir en diferentes “rebanadas de simultaneidad” de modo que una porción, una lámina del espacio, se corresponde con un instante de tiempo determinado. Así el conjunto del espacio más el tiempo es un apilamiento, o foliación, de todas estas rebanadas de simultaneidad. Las filosofías del tiempo se plantean entonces en función de cómo es la estructura de esta foliación.

Una de ellas es el presentismo, según la cual sólo existe la rebanada de simultaneidad presente, ni pasado ni futuro existen realmente. Y el fluir del tiempo no es sino una concatenación de instantes presentes, un fluir del estilo del planteado por el filósofo Heráclito. Este tipo de filosofía del tiempo es incompatible con las narraciones de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo. Esto es así porque la consistencia narrativa, la estructura de la propia narración, implica que o bien el pasado o futuro al que se viaje existe de algún modo, o bien que el hecho de viajar a él lo está creando. Y se plantean dos posibilidades, o bien es el viajero quien crea el instante en cada momento de su viaje, o existen al menos dos instantes, y la conexión desde un punto de vista físico aparenta ser bastante contingente. Si bien algunos físicos y filósofos defienden una interpretación del tiempo presentista, los escenarios propios de la ciencia ficción con viajes en el tiempo parecen sustentar una filosofía del tiempo insostenible tanto desde un punto de vista filosófico como físico. No es esta la filosofía del tiempo adoptada en El Ministerio del Tiempo, pues se muestra explícitamente la coexistencia de diferentes instantes en el tiempo, simultáneamente. Y el sistema de puertas implica la preexistencia de dos flujos temporales con la misma dirección en las puertas, algo que no cuadra tampoco con un enfoque presentista de la naturaleza del tiempo.

Otra filosofía del tiempo es la defendida por el posibilismo o propensismo, que afirma que existe el instante y todo el tiempo anterior a él. Por lo tanto existiría todo el tiempo anterior a la rebanada de simultaneidad. Según esta filosofía del tiempo existen el presente y el pasado, y el propio tiempo se va creando en cada instante. Aparentemente esta es la filosofía que parece adoptar la serie, al plantear la imposibilidad de que las puertas del tiempo se abran hacia el futuro, pues sólo cuando se ha creado ese instante de tiempo, puede abrirse una puerta hacia un pasado que ya existe en el tiempo. También parece ser la filosofía del tiempo adoptada por muchos espectadores de la serie, al menos aquellos que aceptan la coherencia del hecho de en la serie no se encuentren viajeros del futuro, y que ha sido explicada por los guionistas en su origen como resultado de buscar guiones más fáciles de seguir por el espectador medio y menos costes de producción. Aquí hay que tener en cuenta que el hecho de que un viaje al pasado pueda cambiar el tiempo no afecta a la aceptación de la filosofía propensista del tiempo. Si viajas al pasado y evitas la Segunda Guerra Mundial, la historia habrá cambiado, pero el volumen de espacio-tiempo creado en el momento en que regreses del viaje seguirá siendo el mismo. Es una paradoja lógica, filosófica, o incluso física, pero no afecta a la estructura del tiempo como algo que se va creando en cada instante y un pasado que sí existe tras él.

Existe aún otra filosofía del tiempo, el eternalismo, según la cual el tiempo no fluye, sino que es. Pasado, presente y futuro coexisten. No hay un flujo del tiempo sino una eternidad donde todo el tiempo existe a la vez. A esta concepción del tiempo también se la denomina de bloque, aunque a mí me gusta emplear la expresión foto fija, pues como si todo el tiempo pudiese concentrarse en una única foto que se realiza al conjunto del espacio-tiempo. Esta visión del tiempo es la propia de autores como Parménides o Platón, muy de gusto de los místicos, pero también ha sido popular entre algunos autores contemporáneos. Es la que adopta Alan Moore en algunos de sus cómics como Watchmen o From Hell, y una de las mejores presentaciones de esta concepción del tiempo como eternidad se encuentra en los relatos de Jorge Luis Borges. Pero también en el seno de la literatura de ciencia ficción se pueden encontrar ejemplos destacados. Kurt Vonnegut la adopta en Las sirenas de Titán y Matadero 5 y Ted Chiang en relatos como La historia de tu vida o El infierno es la ausencia de Dios. Además, en estos últimos casos se plantea algo que los pensadores presentistas han defendido desde el comienzo, que lo que percibimos como paso de tiempo no es sino una ilusión psicológica.

Estas tres filosofías del tiempo son compatibles con la estructura del espacio-tiempo de Galileo y Newton, pero la cosa se complica si consideramos la teoría de la relatividad. En ella no es posible definir de un modo absoluto la noción de simultaneidad y por lo tanto no pueden definirse las rebanadas de simultaneidad con las que rebanar el espacio-tiempo. Como resultado de ello muchos autores, empezando por el propio Einstein, han propuesto que la única filosofía del tiempo compatible con la estructura del espacio-tiempo relativita es el eternalismo. En palabras del propio Einstein el tiempo no sería sino una permanente ilusión. Pero los eternalistas deben solucionar un problema fundamental en lo que respecta a su filosofía el tiempo. Aunque aceptemos que el fluir del tiempo es una mera ilusión, quizá psicológica, han de explicar por qué se produce en un sentido y no en otro. Una posible respuesta es considerar que las condiciones iniciales del Universo fueron tales que nos impiden recordar el futuro aún cuando no exista una flecha del tiempo real. En La historia de tu vida de Chiang se adopta el punto de vista eternalista, el tiempo es, y el fluir se considera como una mera ilusión. Al aprender un lenguaje alienígena su protagonista es capaz de percibir simultáneamente su línea del mundo, y no hay distinción entre pasado, presente y futuro.

Regresando a El Ministerio del Tiempo es fácil darse cuenta de que esta filosofía del tiempo es compatible con la que se presenta en la serie, pues en ella hay varios bucles causales en los cuales el viaje al pasado crea la historia que da lugar a los acontecimientos futuros. Si bien como explicaba más arriba esto no es en sí mismo incompatible con un enfoque posibilista, y es compatible con el sistema de puertas, se complica la estructura narrativa y es más difícil obtener la coherencia total. Si bien es cierto que hechos como la aparición de la moto en el grabado, o la tablet en el cuadro de Dalí defienden la interpretación posibilista o propensista del tiempo en la serie, creo que también puede adoptarse un punto de vista eternalista. Como se ha demostrado al final de la primera temporada de la serie la afirmación de uno de los personajes en el primer episodio de que “el tiempo es el que es” resume a la perfección la filosofía del tiempo adoptada en la serie. Es fácil ver cómo todo lo que acontece en ella está fijado, forma parte de ese universo de bloque con foto fija, que incluye los diversos viajes al pasado, bucles cerrados y concatenación temporal de diversos instantes en el ministerio del tiempo.

La única pega que podría hacérsele a este punto de vista sobre el tratamiento del tiempo en la serie, es la cuestión de la flecha del tiempo, la asimetría temporal que introducen las puertas. Cuando se está suponiendo que pasado, presente y futuro de los personajes ya está escrito. Pero aquí es cuando se puede invocar el argumento de las condiciones iniciales. En cualquier caso la visión que presenta la serie El Ministerio del Tiempo me recuerda mucho más a la de los citados relatos de Chiang y Vonnegut que a la que parecen adoptar la mayoría de los seguidores de la serie.

Adenda: Una buena discusión reciente sobre la filosofía del espacio-tiempo que recoge las ideas de importantes físicos y cosmólogos se puede encontrar en este artículo de Discover Magizne.